domingo, 9 de septiembre de 2007

El Manso Asado

Cuando llegué a esta angosta y larga faja de piedras, lo primero que me dijeron era que ojala se arreglara pronto el clima para hacer un "asado". Al principio pensé que se trataba de rostizar a algún soplón y el mal tiempo estaba apagando la bencina una y otra vez, pero luego me enteré que hablablan de una barbacoa, come le dicen en L'America. En esa oportunidad intenté aprender, pero el dueño de casa y los comensales luchaban por hacer el asado y, luego de que uno de ellos lo consiguió, luchaban por aportar o aportillar el mismo con sus sugerencias y comentarios: Yo decidí tomarme un pisco sour y observar. No entiendo la compulsión por hacer el asado, aunque imagino que es una forma de recuperar el macho interno de los asadores. Salir temprano en busca de la mejor presa, adelantándose a las otras tribus, observar los distintos animales disponibles y elegir el que implique un buen equilibrio de riesgo y oportunidad y entonces... cuando la adrenalina está en su punto más alto... pagar en la caja con la tarjeta del supermercado correspondiente e ir a hacer el asado. Y cuando la tribu está engullendo lo que hemos cazado mientras aún estamos sudando por el calor de las brasas y aspirando el hipnotizante humo, tener la satisfacción de que si no fuera por nosotros estarían comiendo una pizza dos por uno o unas empanadas de la esquina y sentir que aún somos los cazadores que alguna vez fuimos. Yo, por mi parte, prefiero otras cosas para seguir sintiéndome un cazador: Como enviar a Luca Brassi a ponerle los pies de cemento a alguien y observar como se hunde en la bahía mientras tomo mi pisco sour. A fin de cuentas, el cazador más importante es el que puede darse el lujo de que cazen por él. Don C.

1 comentario:

Consu dijo...

lo mejor, el final... la pura y santa verdad